Como dice la canción Escuela de calor de Radio Futura, “Arde la calle al sol de poniente (…)”; nos asalta una tremenda ola de calor. El calor tiene que ver, en el campo del interiorismo, con la climatización. En un artículo anterior, Acalorados, tratamos la evolución histórica de los aparatos de refrigeración. En este vamos a tratar alternativas al sistema de refrigeración más usado, el aire acondicionado.

Parece que el aire acondicionado es el único sistema posible para evitar los calores extremos. La venta de aparatos aumenta años tras año. Pero es un sistema con alto consumo eléctrico y con una alta emisión de elementos contaminantes a la atmósfera. Hay otra serie de sistemas de refrigeración que nos ofrecen alternativas más ecológicas. Entre ellos podemos citar los sistemas pasivos (sin consumo de energía), los ventiladores, la bioclimatización y la refrigeración solar.

Los sistemas pasivos parten de las arquitecturas bioclimáticas, casas pasivas y de la arquitectura popular-tradicional. Se aprovecha las formas y componentes de los edificios para evitar o disminuir el calor. Entre las medidas de las que se parte, y que podemos utilizar, se encuentran: la utilización de aleros, toldos, contraventanas, que eviten la radiación solar directa; la utilización del agua, en forma de estanques o fuentes, para refrescar el ambiente; la utilización de paredes blancas o de colores claros o la utilización de tejidos ligeros y vegetales en cortinas…

Los ventiladores pueden disminuir la temperatura entre uno o dos grados, y en el caso de los de techo hasta ocho grados. No modifican la humedad, su gasto energético y precio es muy inferior al aire acondicionado y tienen una vida útil larga. Los de techo son los más efectivos. El aire caliente tiende a subir y se acumula en la parte superior de las estancias. El ventilador de techo lo redistribuye, mezclándolo con el aire más frío de la parte inferior con lo que reduce la temperatura.

La bioclimatización genera aire fresco a través de la evaporización del agua. Su gasto energético es un 80% inferior y su instalación es diez veces más económica que la del aire acondicionado. Aparte de los bioclimatizadores fijos también existen los portátiles. Su consumo no supera los 100 watios y son silenciosos. Su efecto suele ser menos inmediato que los aires acondicionados tradicionales.

La refrigeración solar parte de la energía solar térmica y puede aplicarse a la refrigeración por absorción, en paredes y techos radiantes y mediante geotermia, explicada en este artículo de nuestro blog. La refrigeración por absorción obtiene aire fresco a partir del calor obtenido con colectores solares. La máquina de absorción del sistema puede producir agua caliente y el agua fría necesaria para climatizar las estancias de un edificio, con un bajo consumo eléctrico.

Los colectores solares para la calefacción en paredes y techos radiantes pueden incorporar una bomba de calor que revierta el ciclo para obtener agua fría, con un consumo eléctrico bajo.

Los sistemas geotérmicos con una bomba de calor pueden utilizarse tanto para calefacción en invierno como refrigeración en verano.

…. y como último recurso siempre podemos utilizar el clásico abanico que como nos dice el escritor Eduardo Mendoza “(…) es un prodigio de eficacia: la relación entre el esfuerzo y el resultado es muy ventajosa, su coste es mínimo y su uso, elemental”.

Texto: Fausto Sánchez-Cascado, “historiólogo creativo”.

 

Referencias: http://www.terra.org/categorias/articulos/refrigeracion-ecologia

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