Ascensor, figura clave en la arquitectura

El ascensor es el elemento vertical de la arquitectura e interiorismo. Un elemento móvil que asciende y desciende (¿por qué no llamarlo también descensor?). Que nos transporta a nosotros y a nuestros bultos y mercancías. Que puede ser público o privado, trasparente o metálico, funcional y minimalistas o decorativo y modernista…

Técnicamente, en términos generales, los ascensores se pueden dividir en electromecánicos o hidraúlicos-oleodinámicos. Los elementos comunes a cualquier ascensor son la cabina, el grupo tractor, el contrapeso, el sistema de paracaídas de frenado y el sistema de control. Pero no siempre los elevadores han sido como en la actualidad.

Hay referencias en el antiguo Egipto de mecanismos elevadores con poleas y grúas para mover las piedras con las que se construían las pirámides. El filósofo y matemático griego Arquímedes, según el historiador Vitrubio, diseñó el primer ascensor a base de cuerdas y poleas allá por el año 236 antes de Cristo. Los romanos, partiendo de las ideas de Arquímedes, utilizaban montacargas para sus grandes obras civiles. En la Edad Media en el año 1000, el escritor árabe Ibn Khalaf al-Muradi, describe dispositivos de elevación para subir grandes pesos en Al Andalus.

La Edad Moderna y concretamente el siglo XVIII, es el momento en que ya nos acercamos a nuestros actuales ascensores, aunque su base aún son poleas y grúas. Los encontramos sobre todo en palacios reales. Luis XV, el rey francés, disponía de uno para visitar a sus amantes en el Palacio de Versalles y evitar ser visto en escaleras o pasillos.

El siglo XIX es el momento real de su invención. Se utiliza la energía del vapor para su funcionamiento. Permitirá a lo largo del siglo la construcción de bloques de viviendas cada vez de mayor altura. Sin ascensor difícilmente entenderíamos los rascacielos. En 1829 se presenta en Londres el primer elevador mecánico, aunque se ve casi como una atracción de feria. Será a partir de la década de los cincuenta cuando se perfecciona. Concretamente en 1851 Waterman diseña un prototipo de montacargas, en principio el ascensor se entiende más como un elevador de mercancías que de personas. Fue Otis su real creador.

Elisha Graves Otis (1811-1861) era un maestro mecánico de Albany (EE.UU). Allí para la fábrica de armazones de camas en que trabajaba, diseñó diferentes dispositivos que facilitaban el trabajo. En 1852 inventó un dispositivo de seguridad que evitaba la caída y frenaba al ascensor. Fue un invento clave para la arquitectura. El problema principal de los elevadores era su seguridad. El año 1857 se instala en unos grandes almacenes de Nueva York su ascensor. En las décadas de los setenta y ochenta se perfecciona el invento. En 1872 se inventa el ascensor hidráulico y en 1887 Werner von Siemens, les adapta un motor eléctrico con lo que desaparecen los ascensores a vapor.

Las mejoras continúan y se aceleran en el siglo XX. Los ascensores se hacen más rápidos y más seguros. Se sitúan en rascacielos de más de cuarenta pisos (rascacielos Singer), en la Torre Eiffel, en el Empire State. Adoptan los estilos de la arquitectura e interiorismo y así encontramos ascensores neoclásicos, modernistas, Deco, funcionales, minimalistas…

En nuestro siglo se han hecho transparentes, con forma de capsulas translúcidas y futuristas. Hay proyectos de ascensores con trayectos, además de ascendentes y descendentes, verticales.

Elevadores, ascensores y descensores, ese aparato que nos facilita la vida, pero en el que en general solo sabemos hablar del tiempo con nuestros vecinos…

Fausto Sánchez-Cascado, “historiólogo creativo”

 

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