Sofá

Creo que Dios el séptimo día de la creación descansó en su sofá del cielo, como hacemos todos después de un duro día de trabajo. El sofá es uno de los mejores amigos del ser humano. Más que mueble de asiento, que lo es, sobre todo es un mueble donde uno yace, se desparrama.

Sofás de dos, tres o más asientos, de madera normalmente y forrados en tela u otros materiales, con almohadones, acolchados, en el salón de nuestras casas o en zonas de recepción. Sofás-cama o incluyendo una especie de chaisse-longue. Similares, casi sinónimos, a los divanes, canapés u otomanas. Sofás que junto a dos butacas forman un tresillo.

Su origen es antiguo, egipcios y árabes ya disponían de ellos. Quizá los primeros fueron una fusión entre un banco y una cama. Los romanos con ellos formaban el triclinium, situaban tres frente a una mesa baja y recostados en ellos comían. En la Edad Media y sobre todo Moderna, con otras denominaciones (canapé, diván, como hemos visto) eran considerados como muebles elitistas.

En el siglo XIX y XX el sofá se popularizó. Pasó a ser un mueble imprescindible. Muestra de ello es el clásico Chéster inglés. Se convirtió en el centro del salón, del cuarto de estar. Con la llegada de la televisión aún se potenció más. Y el sofá se adaptó a todos los estilos y tendencias. Así hubo sofás Nouveau, racionalistas-funcionalistas, orgánicos, minimalistas, posmodernos… Sofás como el LC2 (1928) de Le Corbusier y colaboradores, el Marshmallow (1956) de George Nelson, el Djin (1965) de Olivier Mourgue, el Tramonto a New York (1980) de Gaetano Pesce…¿Qué sería de series como Friends o Los Simpson sin él?

Quizá ustedes mismos estén leyendo esto recostado en uno de ellos…, porqué saben, creo que la vida sería infinitamente peor sin nuestros queridos sofás.

Fausto Sánchez-Cascado. “historiólogo creativo”

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