UN SALÓN TIPO LOFT…

Creo que todos alguna vez hemos oído una frase parecida a la que encabeza estas líneas. Una clienta normalmente adjuntando una página de una revista de decoración, nos dice “(…) me gustaría que dieras a mi piso un aire de loft (…)”. Partiendo de que es lícito pero no correcto, aceptar que un pulpo es un animal de compañía (como se decía en un anuncio televisivo de un juego de mesa), también es lícito pero no correcto utilizar y entender así el término loft. ¿Qué es un loft? Un espacio amplio, luminoso, con pocas o ninguna división. Hagamos un poco de historia. El origen del concepto surge en Nueva York en la década de los cincuenta del siglo XX. En barrios como Tribeca o el Soho, estudiantes y sobre todo artistas, empezaron a ocupar antiguas fábricas, almacenes y oficinas en desuso. Los alquileres de apartamentos eran caros y estos espacios eran baratos y permitían la polivalencia, era un espacio que permitía a la vez ser un lugar de trabajo y una residencia. Con el tiempo, en las décadas siguientes y sobre todo en las de los ochenta y noventa, los lofts se pusieron de moda restaurantes, tiendas alternativas, galerías de arte, estudios de fotografía, pintura o diseño se situaron en lofts. En los ochenta y noventa, se realizaron lujosos apartamentos partiendo del concepto. Un loft, por tanto, es un tipo de espacio, no un estilo. Un espacio amplio diáfano, prácticamente sin divisiones. Iluminado con luz natural. Su estilo tenderá al minimalismo y al estilo industrial (por su origen y materiales). Habrá que buscar una continuidad en él, mediante por ejemplo pavimentos o el color. De existir divisiones no las marcarán los tabiques o muros, sino elementos como muebles (librerías, sillones, paneles…).

Fausto Sánchez-Cascado, “historiólogo creativo”

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